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Los riesgos de practicar sexting a cualquier edad

Por Txema González

El sexting es compartir vídeos o imágenes personales de carácter sexual, incluso textos, por medio de aplicaciones de mensajería instantánea, correo electrónico o redes sociales. Es una práctica que llevan a cabo tanto las personas adultas como las más jóvenes.

Según un estudio de Net Children Go Mobile,  un 19% de menores de edad de entre 11 y 12 años, un 34% de entre 13 y 14 años y un 42% de 15 a 16 años han recibido mensajes de este tipo.

Aplicaciones como Snapchat o Telegram permiten compartir contenido que pasados unos segundos (quien lo lanza lo determina), se autodestruye.  En principio parecen ideales para este tipo de prácticas, pero ¿y si la persona que recibe ese material decide grabarlo con otro dispositivo mientras lo visualiza?

¿Qué riesgos conlleva la práctica del sexting?

Las principales serían la sextorsión, es decir, chantajear a la víctima con difundir sus imágenes a sus contactos si no les dan dinero a cambio o  favores sexuales; y el ciberacoso, humillar a la víctima mostrando esos contenidos a otras personas de su entorno.

Si nuestra persona amada se convierte en expareja, corremos el riesgo de sufrir el llamado porno de la venganza.

Si caemos en manos de alguien que ha suplantado a una persona menor de edad, siendo adulto, podemos ser víctimas de grooming, o si tenemos la costumbre de subir imágenes de alto contenido erótico a nuestros perfiles de redes sociales sin cuidar nuestra privacidad, podemos sufrir stalking.

En nuestros cursos sobre los riesgos de Internet con menores y adolescentes hemos comprobado que mejor que decirles lo que hacer, es mostrarles ejemplos y que ellos y ellas vean las consecuencias para llegar a sus propias conclusiones.

Vamos con tres casos en los que Didaknet ha sido testigo:

Caso 1:  En una charla que tuvimos con adolescentes de 14- 15 años sobre aplicaciones como Instagram o Snapchat, se mostraron favorables a compartir contenidos subidos de tono con sus parejas, alegando que después de todo eran sus novios o novias. Entre el grupo se encontraba una joven que mostraba su disconformidad, y al preguntarle nos contó su experiencia: tuvo una pareja durante varios meses a la que envío ese tipo de material, rompieron y ella le pidió que lo borrara todo.  Él se negó, aludiendo que ahora todo ese material era suyo y que podía hacer lo que quisiera con ello.

Caso 2: Una joven pareja se separa físicamente, él se va a estudiar fuera, al cabo de unos días le dice que la echa de menos y que le envíe fotos y vídeos de contenido sexual.  Ella, como “prueba de amor” atiende a sus peticiones, incluso cuando le solicita material más explícito, hasta límites insospechados.

Pasados unos meses, ella toma la decisión de que es mejor romper la pareja por la distancia. Él se lo toma muy mal y opta por publicar todos los vídeos en YouTube, acompañados de los datos personales de su expareja, nombre, domicilio, número de teléfono.  Su madre encontró esos vídeos en Internet, desesperada acudió a nuestro blog y, por suerte, en menos de una hora se pudieron eliminar.  

Caso 3: Una hija sorprendió a su madre haciéndose selfies eróticos para enviárselos a su amante. La joven, inquieta, nos pidió ayuda porque era incapaz de convencer a su madre del riesgo que acarreaba. Además de que ese hombre supiera tanto de sus vidas, el que tuviera ese tipo de fotos y vídeos hacía que pudiera hacer chantaje a su madre si esta quería acabar la relación.

Por lo que vemos normalmente, quienes más sufren las consecuencias del sexting son las mujeres, por lo que parecería lógico recomendarles que no lo hicieran, pero, ¿no sería más correcto educar a nuestros hijos varones en que no hay que pedir ese tipo de contenidos?

Igualmente, debemos recordar que mostrar o compartir fotos o vídeos de otras personas sin su autorización es delito,  y si estas son menores de edad, puede ser un delito grave.

No se trata de prohibir el sexting, ni de que vayamos donde nuestro hijo o nuestra hija a amenazarles con quitarles el móvil, la webcam o ponerle un candado al Wifi. Tan solo debemos tratar el tema con naturalidad, explicarles en qué consiste la confianza, ya que no es lo mismo una persona que acabas de conocer que una pareja duradera y que no tiene por qué ser esta la definitiva.

Y si van a hacerlo, el consentimiento de las partes es algo fundamental, debemos preguntar antes de mandar algo así, quizás no quiera recibirlo la otra parte.

Y recuerda: No pidas ese tipo de material, y si lo haces y te dicen “NO”, no insistas.

También ten en cuenta que si tienes en tu dispositivo imágenes o vídeos de alto carácter erótico de tu pareja  y lo pierdes o te lo roban, pondrías en riesgo su privacidad e integridad.

Si vas a crear ese tipo de contenido, no des pistas sobre quién eres, no muestres tu rostro, tatuajes, rasgos que te identifiquen claramente o el entorno, tu habitación con fotos familiares, por ejemplo.

Tampoco se trata de hacerse una colección, sería mejor que cada vez que proporcionemos material nuevo, se eliminara el anterior.

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