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Un caso real de un niño que padeció ciberbullying

Por Andrea Alfaro

 

En estos últimos años se ha avanzado mucho en el problema del bullying y ciberbullying, pero todavía queda mucho por hacer. Existen protocolos en todos los colegios y ahora, un grupo de psicólogos y criminólogos ha comenzado a formar a profesores y padres para identificar las emociones, según la expresión facial y los movimientos del cuerpo de los alumnos. En otro post profundizaremos en este método, pero queremos contaros un caso por el que una madre descubrió que su hijo sufría ciberbullying. Para contar dicho caso utilizaremos nombres falsos.

Una tarde después del colegio Lucía y su hijo Iker iban a casa de su abuela. Iker se quedaba retrasado y su madre le llamaba al orden puesto que todos los semáforos se acababan poniendo rojos por su tardanza. Lucía, desesperada por la lentitud, chilló a Iker.

Este se puso como loco, comenzó a chillar, a insultarla, a decir que se quedaría allí todo el día…

Lucía viendo que ese comportamiento no era propio de Iker trató de sentarlo en un banco y le preguntó lo más tranquila que pudo qué pasaba. Iker al ver la reacción de su madre comenzó a llorar desesperadamente. Lucía le dejó llorar y esperó hasta que este estuvo más tranquilo. Entonces ella le volvió a preguntar qué pasaba. Iker le dijo que algunos niños de clase se metían con él, le insultaban, le llamaban pringao y luego por Snapchat le seguían insultando. Por esta aplicación le mandaban fotos de él con filtros de animales y con insultos, pero no tenía pruebas porque estos mensajes tenían puesto un tiempo determinado para verse y luego desaparecían.

Lucía trató de tranquilizarle y le dijo que todo se arreglaría. Su padre y ella irían al colegio a hablar con la directora y los profesores para que solucionaran el problema. Él se puso a llorar otra vez porque no quería que lo contara, pues quizás sufriría represalias. Lucía le dijo que, si no lo contaba, nadie le podría ayudar, que en el colegio estarían muy pendientes de él para protegerlo y que ella y su padre también estarían siempre alerta.

Iker se quedó más tranquilo y juntos fueron a casa, en vez de a casa de la abuela. Hablaron con su padre e Iker contó a los dos quiénes eran los niños que se metían con él. Y tras la charla trataron de pasar el resto de la tarde como pudieron, porque para todos era duro.

Los padres, cuando se durmió Iker hablaron y lloraron porque se sentían terriblemente mal. Además, algunos de esos niños habían estado con Iker desde que comenzó el colegio. Ellos mal durmieron y al día siguiente acompañaron al colegio a Iker y fueron a hablar con la directora. Esta les dijo que pondrían en marcha el protocolo para identificar si Iker sufría bullying/ciberbullying, y que daría orden a todos los profesores para que se mantuvieran alerta.

Poner en marcha el protocolo

Lucía e Iñaki no hablaron con ningún padre ni madre del colegio. Se desahogaron con personas ajenas al centro y trataron de infundir calma a su hijo. Sin embargo, los insultos seguían por Snapchat, así que Lucía e Iñaki hicieron fotos con sus móviles para tener pruebas de éstos. Tras unos días de espera, la directora confirmó que su hijo sufría bullying. El proceso duró aproximadamente seis meses, y, pese a que se trabajó para mejorar la convivencia en las aulas, dos niños continuaron haciendo feos a Iker, aunque este siempre era apoyado por una gran parte de la clase.

El seguimiento por parte del centro se mantuvo todo el curso y parte del siguiente. Pero no hizo falta hacer una denuncia a la policía, porque el protocolo funcionó.

Cuando nuestro hijo o hija padece algún tipo de acoso es importante mantener la calma y tratar de seguir el protocolo establecido. El dolor que sentimos hace que queramos tomar medidas nosotros/as mismos/as, pero de esa manera no ayudamos a nuestro hijo o a nuestra hija.

Este es un caso real de un niño que padeció acoso y ciberacoso y que, por suerte, acabó bien. No podemos olvidar que para prevenir este tipo de comportamientos es necesario trabajar en casa el respeto hacia la otra persona y ese respeto no solo se tiene que enseñar de forma verbal, también lo tienen que ver los niños y las niñas en su familia. Porque una familia que se respeta enseña a todos sus miembros respetar.

 

1 thought on “Un caso real de un niño que padeció ciberbullying

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