8 de marzo, ¿el día de la conciliación?

8 de marzo, ¿el día de la conciliación?

Por Cristina Ruiz

El día de hoy es un día muy dado a las reflexiones, reivindicaciones y reconocimiento de avances realizados.

En ello estaba yo, sentada ante mi ordenador, pensando cómo plantear este post, qué temas tratar y cómo hacer mi pequeña aportación a esta celebración, cuando mi hijo se ha acercado diciendo que no se encontraba bien.

Con el termómetro en la mano he pensado cuán paradójica era la situación y he dejado en pausa mis pensamientos, con la esperanza de no perder el hilo de mis ideas. Sin embargo, la cabeza ha decidido unilateralmente irse por otros derroteros más mundanos, al darse cuenta de que la comida todavía estaba sin hacer y tenía pendiente solicitar una cita con el dentista de mi hija.

Entonces me he dado cuenta de que en realidad, el día de la mujer trabajadora no es diferente de cualquier otro día en la vida de una mujer que pretende ser trabajadora.

Diariamente muchas mujeres se ven en la obligación de hacer verdaderos malabares para conciliar su vida personal y profesional.

Si pensamos sobre la razón de que esto siga siendo así, podemos perdernos en infinitos argumentos de todo tipo, pero la verdad es siempre la misma. Nuestros compañeros siguen cobrando más que nosotras por hacer lo mismo, en su mayoría, (los datos muestran que ellos cobran 7.000 euros más por hacer lo mismo que nosotras), siguen copando los altos puestos de responsabilidad empresarial en un 90% y centran su vida en su trabajo, dejando su implicación en el ámbito familiar en un segundo plano.

Aun con este panorama, cada vez existen más mujeres que logran superar obstáculos y desarrollarse plenamente como profesionales en todos los ámbitos. Pero les cuesta sangre, sudor y lágrimas.

El hecho es que si no conseguimos establecer una igualad en derechos y obligaciones, nunca alcanzaremos una efectiva igualdad de oportunidades y seguiremos siendo nosotras las protagonistas de la educación y los cuidados de nuestras familias.

Muchas veces he comentado con mis compañeras de didaknet, la proporción de mujeres madres y hombres padres que nos solemos encontrar en nuestros cursos.

La tendencia va cambiando, pero todavía la desproporción es más que notable.

Por esto, he decidido cambiar mi discurso inicial y aprovechar esta oportunidad para animar a los padres a realizar un esfuerzo más a la hora de acompañar a sus hijos e hijas en el camino hacia la igualdad.

Si conseguimos entre todos y todas, romper antiguos esquemas de roles predeterminados, haremos que la sociedad tenga que cambiar antes de los previsto y daremos de paso, un gran ejemplo a las generaciones que nos siguen de cerca.

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