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Espiar o vigilar a menores de edad

¿Espiar o vigilar a menores de edad?

Por Cristina Ruiz

En muchos de los cursos que imparte Didaknet, surge la polémica sobre esta pregunta.

¿Cuál es el papel que como padres y madres debemos ejercer?

¿Controlar lo que nuestros menores hacen es nuestro derecho o nuestra obligación?

¿Qué dice sobre ello la ley y que es lo que dice nuestra conciencia?

Como adultos sabemos que legalmente somos responsables del comportamiento de nuestras hijas y de nuestros hijos, al menos hasta que alcancen la mayoría de edad.

Además los menores están protegidos por la LOPD, que en su artículo 13 establece la necesidad del consentimiento de los padres o tutores a la hora de compartir cualquier tipo de dato personal referente a los menores de 14 años.

¿Nos da esto carta blanca para espiar sus acciones en la red?

Según el artículo 30 del Código Civil, “la personalidad se adquiere en el momento del nacimiento con vida”, por lo que los menores de edad deben tener garantizado “el derecho al honor, la intimidad personal y familiar y la propia imagen”.

Por otra parte, según la LO 1/19956 de protección jurídica del menor establece en su artículo 4, “los mejores tienen derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Este derecho comprende también la inviolabilidad del domicilio familiar y de la correspondencia, así como del secreto de las comunicaciones”.

Sin embargo, en el artículo 154 del Código Civil nos encontramos con que “la patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a su integridad física y psicológica”. Es decir, se comprende el “velar por ellos, alimentarlos, educarlos y procurarles formación integral” y “representarlos y administrar sus bienes”, de forma ligeramente simplificada.

Aplicaciones espía
Ver el artículo:  “Aplicaciones espía”

¿Cómo asumimos estos dos principios en apariencia contradictorios?

Hace no mucho encontramos una noticia relativa a una madre inglesa que desarrolló una aplicación a la que denominó “Ignore no more”, cansada de que su hijo ignorara sus llamadas. Por eso decidió desarrollar una aplicación para impedirle el uso de su teléfono hasta que finalmente llamase a su madre, todo ello de forma remota.

La realidad nos demuestra que nuestros hijos e hijas suelen iniciarse cada vez a más temprana edad en el uso del móvil y en la mayoría de los casos, lo hacen a través de nuestros terminales. Poco tiempo después llega el momento en que nos van a pedir uno propio y entonces nos tendremos que plantear necesariamente si es lícito por nuestra parte entrar a fisgar sus conversaciones, contactos, contenidos que comparten o si tienen obligación de compartir con nosotros sus contraseñas de acceso.

Estas disyuntivas deberíamos planteárnoslas con anterioridad a que llegue este momento. Tener conversaciones previas en las que se hayan preestablecido las normas y se haya llegado a un consenso puede ser muy aconsejable.

Debemos tener en cuenta que su vida va a desarrollarse en gran medida a través de las redes sociales como WhatsApp, Instagram, etc. y que su comportamiento en ellas debe ser lo más correcto posible desde el principio para evitar futuros problemas.

Los y las menores deben entender nuestro papel de educadores y nuestra preocupación por establecer principios básicos, tanto en sus acciones en la red como fuera de ellas. Debemos respetar su intimidad y su derecho a desarrollarse como personas individuales con capacidad de decisión y sentido crítico, pero sin olvidar nuestras obligaciones como tutores y referentes en su formación.

Por supuesto nuestro papel irá variando a medida que vayan creciendo y convirtiéndose en personas adultas. No es lo mismo un niño de 12 años que comienza a tontear con Instagram que una adolescente de 16 años con experiencia en el manejo de estas herramientas y se supone, mayor sentido común.

Sin embargo, SIEMPRE deberemos estar alerta ante cualquier pequeño síntoma de que algo no funciona bien y si llegara el caso, tener claro que existen profesionales que pueden ayudarnos en nuestra tarea.

Tenemos que tener claro que hay situaciones que pueden llegar a desbordarnos y que aunque hayamos tratado de hacerlo todo bien desde el principio, no somos perfectos ni infalibles. Si apreciamos que tienen algún problema serio, acudamos a un especialista para que nos marque las pautas para solucionarlo y nos asesore sobre cómo actuar.

Optemos por la formación y la educación como el mejor método de prevención. Debemos acompañarles y permitirles desarrollarse sin necesidad de convertimos en simples espías de sus acciones.

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