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Las redes sociales nos salen caras

Las redes sociales nos salen caras

Por Cristina Ruiz

Seguro que esta afirmación puede resultar chocante teniendo en cuenta que una de las mayores ventajas que tienen las redes sociales es su carácter gratuito, pero sin embargo pueden resultarnos caras en determinadas situaciones.

Estamos en verano, época prolífica en eventos sociales como bodas, cenas, vacaciones, etc.

¿Qué ocurre cuando nuestra hija y/o hijo nos dice que necesita ropa nueva para cada una de esas situaciones?

Pues que nosotros le contestaríamos que ya tiene suficientes y que utilice la que compró para un evento anterior. Eso se ha hecho toda la vida y sin ningún problema.

Sin embargo, su contestación no deja lugar a duda; “no me vale uno utilizado anteriormente porque cuando mis amigas vean las fotos que voy a subir (¡por supuesto!), a mi Facebook, (léase Twitter, Instagram o similar), se van a dar cuenta de que es el mismo que use y publiqué el mes pasado”.

Como personas adultas, la cara de perplejidad que se nos puede quedar al oír ese argumento, indica que esto de las redes sociales pueden salirnos muy, muy caras.

En épocas anteriores, nos llegaba una invitación de boda y las mujeres comenzaban de inmediato a pensar en alto, “si no tengo nada que ponerme”, mientras que los hombres con cara de incredulidad decían, “yo llevaré el traje de siempre”.

Hoy en día la moda es importante para ambos géneros, no es cuestión de sexos.

Hasta la aparición de estas plataformas, siempre hemos echado mano del típico recurso “bueno, los invitados a esta boda no coinciden con los de la anterior, así que ya tengo solucionado el problema de la ropa, mi prima me deja bolso y zapatos y mi hermana un chal”. ¿Verdad?

Pero claro, este recurso ya no nos vale, desde el momento que los invitados a cada boda trascienden del propio evento y se extienden a Internet, nuestros contactos en redes sociales pueden ver nuestro historial de fotografías publicadas en los últimos años.

Además, ya sabemos que Facebook y similares, se usan mucho para cotillear.

Si las personas adultas lo hacemos, las adolescentes son especialistas, rizan el rizo para sacar punta a cualquier detalle que vean en perfiles de amigos y amigas, para luego lanzar el cotilleo en WhatsApp, Twitter o la plataforma que tengan más a mano.

Ese tipo de críticas puede llegar a afectar en la personalidad de la o el menor, si la situación le lleva a que le aparten o le dejen de lado por no estar en la onda fashion o no ser cool.

Así que ante este panorama, ¿cómo le rebatimos a esa/ese adolescente que de ningún modo quiere que sus amistades la vean repetir modelo cada dos eventos?

Para madres y padres, como personas adultas quizás sea una nimiedad, pero para nativas digitales es importante estar dentro de los grupos aceptados.

Intentaremos darle a entender:

  • que la imagen tiene la importancia que tiene,
  • que debe tener la seguridad suficiente para no estar pendientes a todas horas de las críticas ajenas,
  • que el dinero cuesta ganarlo y debe de ejercerse un mínimo control sobre los gastos familiares y más ahora, en plena crisis.

Lleguemos a hacerles comprender nuestros argumentos o no, el conflicto estará servido cada vez que se acerque una ocasión especial y la discusión garantizada. Así que tendremos que prepararnos para ello e intentar ir buscando argumentos entendibles por adolescentes si no queremos quedarnos con cara tonta cuando nos espeten eso de: “¿qué quieres, que me muera de vergüenza cuando mis “amigas” digan en Facebook que no me dan dinero para comprarme un vestido nuevo, que somos pobres? “.

Desarrollemos la solidaridad entre las amistades, el término compartir no nació con las redes sociales, sino en el seno de las familias con pocos recursos.

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