Uso inteligente de las tecnologías de la información

EGO y redes sociales

Ego y redes sociales

Por Clara Fraile

Casi sin darnos cuenta, las redes sociales han pasado a formar parte de nuestra vida cotidiana. Y más de la mitad de sus usuarios, el 55% en España, afirma compartir con sus contactos información sobre marcas; casi el 20% reconoce que es “más proclive” a adquirir lo que sus amigos le recomiendan. Mientras las marcas se toman muy en serio su trabajo en las redes, tienen muy claro cómo actuar para sacar partido a su viralidad, los usuarios nos limitamos a reaccionar de manera espontánea.

El abaratamiento de los dispositivos móviles y de las tarifas de internet 24 horas ha propiciado la generalización del uso masivo, que no pasajero, de las redes sociales entre personas de todas las edades y extracción social. Hay negocio en la interacción, por ello debemos prestar especial atención a la utilización de este mercado abierto que conforman.

Para las marcas, estas plataformas son herramientas de marketing que les sirven para vender o promocionar sus productos o servicios. A través de las redes escuchan las opiniones de los usuarios y fomentan el boca a boca mediante mensajes y tuits con información sobre ellas.

Gran parte de las personas que usamos las redes, encantadas, seguimos el juego de las marcas. ¿Qué nos mueve a reaccionar cómo lo hacemos? El ego. Nos creemos importantes opinando sobre productos y servicios, queremos que nuestra opinión sea considerada y tenga peso, deseamos ser influyentes, aumentar nuestros seguidores.

Hasta aquí todo bien, siempre que no rebasemos esa línea que indica claramente que alguien está buscando en las redes un reconocimiento social que no encuentra en el mundo offline.

El problema no es la herramienta sino cómo se utiliza

Lo fabuloso de la web 2.0 es que es posible interaccionar y establecer vínculos entre las personas, con todos los beneficios que crear comunidades virtuales supone. Lo único que precisamos ahora es conocer sus herramientas y aplicar el mismo sentido común que precede nuestras acciones fuera del mundo digital. Algunos de estos consejos nos ayudarán a hacer de Internet un lugar más seguro:

  • Protégete con un buen antivirus.
  • No navegues sin tener activado el firewall.
  • Elige una buena contraseña y, siempre que sea posible, configura el acceso en dos pasos, es decir, usando el teléfono móvil para recibir un código que te permite completar el acceso.
  • Configura las opciones de privacidad en las redes sociales para decidir con quién compartes tus contenidos y cómo.
  • Si te sientes amenazado por parte de un adulto con fines sexuales (grooming) o sufres cyberbulling no dudes en denunciarlo.
  • No ofrezcas datos que permitan ubicar tu casa, colegio, etc.
  • No pinches en enlaces sospechosos, pueden ser páginas falsas que capturan tu usuario y contraseña. Ten mucho cuidado a la hora de facilitar tus credenciales a páginas o aplicaciones.
  • No abras archivos adjuntos que recibas por e-mail si desconoces el remitente. Evita enviar cadenas de mensajes y hoax (bulos que avisan supuestos problemas).
  • Antes de hacer público cualquier contenido mide sus consecuencias.

Así que volvemos a lo de siempre, el problema no son las redes, sino cómo se utilizan si nos dejamos llevar sin pensar. Internet es un vehículo de comunicación superior a cualquiera que hayamos manejado antes y muchas veces no nos damos cuenta. ¿Nos pasearíamos por la calle, sin más, recomendando alegremente (muchas veces sin conocimiento) tal o cual producto o servicio?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Volver arriba